No hay nada más feo que abrir la heladera, ver el pote de dulce de leche, y secarse la boca por la baba expendida. Para luego proceder a agarrar el pote (y la desilución comienza en este punto al notar el peso del mismo), y abrirlo, haciendo que la desilución que empezaba a crecer segundos antes, se transforme en una bella y cruel realidad.
Solución: comprar más dulce de leche.
¿Qué? ¿Son las 4 de la matina y no podés comprar en ningún lado?
Solución: suicidio.