January, 2010


28
Jan 10

Mírenme (El Cuarteto de Nos)

Mírenme, si, si, ya llegué acá estoy
Mírenme, la espera terminó
Mírenme, sé que soy el mejor
Mírenme, quiéranme, tóquenme, soy yo, soy yo.

Que todos miren, que te admiren y suspiren, que al verte pasar expiren
tu deseo es que tu esbelta figura envidien y no olviden
Cuando se entibien en brazos de Morfeo, que feo,
que obvio tu cerebro es como el de un microbio

Tu cuerpo ansía, la travesía de otro día, idiota
si no se nota tu presencia es otra derrota
calzate el versace, el cinto de Gucci, péinate cuchi
pero la mona aunque vista de seda, mona se queda
Lo mismo da que la vista Al Qaeda

Sera ese trauma que te incita a mostrarte
crees ser parte lo demás descarte
que tu cara es arte, te sentis un 29 de febrero
y sos solo otra ceniza en el cenicero

Mírenme, si, si, ya llegué acá estoy
Mírenme, la espera terminó
Mírenme, sé que soy el mejor
Mírenme, quiéranme, tóquenme, soy yo, soy yo.

Rey de la disco, bailando sin miedo a romperte un menisco ha
de tanto mirarte, todo el mundo va a quedarse bizco
hasta el obelisco se está arrodillando y la vas gozando
Como un evasor del fisco
¿Qué pensas? ¿Qué la fiesta termina cuando vos te vas?

Tu neurona es analfabeta, bobeta, enchufate otra anfeta, careta
para dejar de comer, kilos perder y hacerte ver
con tu cuidada silueta, reite nomas de un nerd por antojos
y cuidate que alguien por joder no te haga mal de ojo

Siempre pensando que te están filmando con una FUJI
te ves duro como Marlon Brando y sos blando como el sushi
ni el budismo, ni el islam, tu religión es el Glamm
pero sos un clon y tu vida es puro spam

Mírenme, si, si, ya llegué acá estoy
Mírenme, la espera terminó
Mírenme, sé que soy el mejor
Mírenme, quiéranme, tóquenme, soy yo, soy yo.

Sos el becado, de un curso de retrasados
y te ves como un modelo to por fotoshop, mejorado
y por llamar la atención, suena tu ringtone
y pensas que Platón es un millonario
Sesos de dinosaurio, LIKE A ROLLING STONES

Hace ruido tu moto y el escape arreglas
así cuando llegas parece un terremoto
Tenes una Honda y decis es una Harley, como el cometa
te falta vaqueta cachorro, te fumas un porro y te sentís Bob Marley

Vas al doctor si en la cara te sale un grano espontáneo,
y lo que tenes lleno de pus es el cráneo
Aunque en el fondo das pena, y nadie te da pelota
Como Dorian Gray, la apariencia es tu ley, y no te quiere, ni tu mascota.

Mírenme, si, si, ya llegué acá estoy
Mírenme, la espera terminó
Mírenme, sé que soy el mejor
Mírenme, quiéranme, tóquenme, soy yo, soy yo, soy yo, soy yo.


21
Jan 10

Yo no soy el hijo de Hernández

Esta noche iré a ver al Cuarteto de Nos, y acá iría una foto de la entrada para molestar a Félix (ver inciso 2), pero estoy en un cyber así que no…, igual imagínensela.


16
Jan 10

Citas de Mientras escribo de Stephen King V

Ahora hablaremos de las revisiones. ¿Cuántas? ¿Cuántas versiones? En mi caso, la respuesta siempre ha sido dos versiones y una última mano. (Desde que existen los procesadores de textos, pulir se parece mucho a escribir la tercera versión).
-
En cambio, si eres un principiante, permíteme el siguiente consejo: no bajes de dos versiones, una con la puerta del estudio cerrada y otra con la puerta abierta.
-
Escribir narrativa, sobre todo larga, puede ser un trabajo difícil y solitario. Es como cruzar el Atlántico en bañera.
-
Surgen muchas oportunidades de dudar de uno mismo. Si escribo con rapidez, desgranando la historia tal como acude a mi mente y retrocediendo lo justo para verificar los nombres de los personajes y las partes relevantes de sus antecedentes, consigo dos cosas: ser fiel al entusiasmo inicial y superar la duda que siempre está al acecho.
-
La primera versión, la que se centra exclusivamente en la historia, debería escribirse sin la ayuda (ni intromisión) de nadie.
-
El quid de escribir a puerta cerrada es que te obliga a concentrarte en la historia sin pensar en casi nada más. No puede preguntarte nadie: «¿Qué querías expresar con las últimas palabras de Garfíeld?», o «¿Qué sentido tiene el vestido verde?». Quizá no pretendieras expresar nada con las palabras que dice Garfield antes de morir, y es muy posible que Maura sólo lleve un vestido verde porque se le apareció así a tu ojo mental. Por otro lado, también es posible que ambas cosas tuviesen algún significado (o que lo adquieran cuando puedas mirar el bosque, no sólo los árboles). Ni en uno ni otro caso hay que planteárselo en la primera versión. Otra advertencia: evita oír comentarios como «¡es buenísimo!» y correrás menos riesgos de relajarte y enfocar tu trabajo en algo equivocado, como en escribir virguerías en vez de contar bien la historia.
-
Sonará un poco prepotente, pero no lo es. Has trabajado mucho y necesitas un período de descanso (cuya duración dependerá del escritor). Tienen que reciclársete el cerebro y la imaginación (dos cosas relacionadas pero no iguales), al menos en lo tocante a la obra recién terminada. Te aconsejo tomarte unos días de vacaciones (pesca, ve en barca o haz un puzzle), y después trabajar en otra cosa, con preferencia por algo más corto y que represente un cambio radical de dirección y ritmo respecto al libro que acabas de terminar. (Yo, entre versión y versión de algunas novelas largas como La zona muerta y La mitad oscura, he escrito relatos bastante buenos, como «El cuerpo» y «Alumno aventajado»).
-
El tiempo de descanso que le concedas al libro (como cuando amasan el pan, lo dejan reposar y vuelven a amasarlo) depende exclusivamente de ti, pero considero que no debería bajar de seis semanas.
-
Cuando haya llegado el día de la corrección (que puedes haber marcado en el calendario), saca el original del cajón. Si parece una reliquia comprada en unos encantes que ni recuerdas, si te parece algo rarísimo, es que estás preparado. Siéntate con la puerta cerrada (pronto, muy pronto la abrirás al mundo) y coge un lápiz y una libreta. Después lee entero el original. Si puedes, léelo de un tirón. (Es evidente que si el libro tiene cuatrocientas o quinientas páginas no podrás). Haz todos los apuntes que te apetezca, pero concéntrate en las simples faenas del hogar, como corregir la ortografía y encontrar incoherencias. Habrá muchas. El único que lo hace todo bien a la primera es Dios, y el que pase de todo y se lo deje al corrector, ése es un dejado.
-
Si es la primera vez, releer el libro después de seis semanas será una experiencia extraña y en muchos casos estimulante. Lo has hecho tú, te reconocerás y hasta te acordarás de lo que tenías puesto en el equipo de música al escribir algunas líneas, pero al mismo tiempo tendrás la sensación de estar leyendo la obra de otra persona, quizá un alma gemela. Así tiene que ser. Es la razón de haber esperado tanto. Matar a los seres queridos de otra persona siempre es más fácil que matar a los propios. Otra ventaja de haberte concedido seis semanas de recuperación es que te saltarán a la vista las lagunas más flagrantes de la trama o los personajes. No digo charcos, ¿eh? Me refiero a auténticas lagunas. Parece increíble lo que puede llegar a pasársele por alto a un escritor enfrascado en la tarea diaria de redactar. Pero ojo: si localizas alguna, te prohibo terminantemente deprimirte o flagelarte. Todo el mundo la caga alguna vez. Dicen que el arquitecto del edificio Flatiron, de Nueva York, se suicidó porque justo antes de la ceremonia de inauguración se dio cuenta de que se le había olvidado poner servicios de caballeros en su rascacielos prototípico. Dudo que la anécdota sea verídica, pero te recuerdo una cosa: el Titanic lo diseñó alguien, y dijo que no podía hundirse.
-
Al verlos [los errores] me doy un golpe en la cabeza, cojo la libreta y apunto algo así: «p. 91: Sandy Hunter roba un dólar de donde guarda Shirley el dinero, ¿Por qué? ¡Si sería incapaz» También marco la página del original con un símbolo ^ grande, que significa que hay que quitar o corregir cosas y me recuerda que consulte mis apuntes si no me acuerdo de los detalles exactos. [...] Cuando llega el libro a la imprenta, lo he repasado como mínimo una docena de veces, me sé de memoria párrafos enteros.
-
Durante ella [la corrección], la parte superior de mi cerebro piensa en la historia y en todo lo relacionado con la “caja de herramientas”: quitar pronombres cuyo antecedente no esté claro (odio los pronombres y desconfío de ellos; son tan chanchulleros como algunos abogados especialistas en indemnizaciones), añadir expresiones que aclaren el sentido y, claro está, eliminar por sistema los adverbios que puedan quitarse (que nunca son todos, ni suficientes).
-
Por debajo, en cambio, me hago la gran pregunta, la mayor de todas: ¿es coherente la historia? Y si lo es, ¿cómo convertir lo coherente en música? ¿Qué elementos recurrentes hay? ¿Se enlazan formando un tema? Me pregunto, en resúmen, de qué va el libro, y qué puedo hacer para que queden todavía más claras las preocupaciones de fondo. Mi máxima meta es la «resonancia», algo que perdure un poco en la mente (y el corazón) del lector después de haber cerrado el libro y haberlo colocado en la estantería. Busco maneras de conseguirlo sin darlo todo masticado ni vender mi primogenitura por un argumento con mensaje. Los mensajes, las moralejas, que se las metan donde les quepan. Yo lo que quiero es resonancia. Busco, sobre todo, lo que he querido decir, porque en la segunda redacción añadiré escenas e incidentes que refuerzen el sentido. También borraré lo que se disperse. Esto último seguro que abunda, sobre todo hacia el principio de la historia, que es donde tengo tendencia a ser más errático.
-
Una vez concluida la relectura, y hechas todas las revisioncitas, llega la hora de abrir la puerta y enseñar lo que he escrito a cuatro o cinco amigos íntimos.
-
Repartir seis u ocho copias de un original equivale a recibir seis u ocho opiniones muy subjetivas acerca de lo que tiene de bueno y de malo. Si todos tus lectores coinciden en que te ha salido bien, es probable que sea verdad. Son casos de unanimidad poco frecuentes, incluso entre amigos. Lo más probable es que consideren buenas algunas partes, y otras… digamos que menos buenas. A algunos les parecerá que el personaje A funciona, pero que el B no tiene verosimilitud. Si hay otros que opinen que el B es creíble pero el A muy exagerado, se produce un empate. Lo mejor es quedarse tranquilo y dejarlo todo tal cual. (En béisbol, si hay empate gana el corredor; en literatura, el escritor). ¿Que a algunos les gusta el final y otros lo encuentran horrible? Lo mismo: empate y punto para el escritor.
-
¿Pesan lo mismo todas las opiniones? Para mí, no. Al final, a quien hago más caso es a Tabby [su esposa], porque es la persona para quien escribo, a la que quiero seducir. Si escribes para una persona en concreto, aparte de para ti mismo, te aconsejo que te fijes mucho en su opinión. (Conozco a uno que dice que escribe pensando en alguien que lleva quince años muerto, pero no es un caso representativo.) Si tiene sentido lo que oyes, haz los cambios. No puedes dejar que participe todo el mundo en tu relato, pero sí la gente más importante. No sólo es posible, sino aconsejable.
-
Llamemos Lector Ideal a la persona para quien escribes. El L.I. te ayudará a salir un poco de ti mismo, a leer lo que sale de tu pluma como un lector cualquiera.
-
Durante la revisión (a puerta abierta), la pregunta «¿ya da bastante risa/miedo?» está en primera fila. Intento descubrir cuándo llega Tabby a una escena determinada, y la observo con la esperanza de que como mínimo sonría, o (¡bingo!) suelte su carcajada agitando las manos en alto.
-
El Lector Ideal también es la mejor manera de calibrar si el relato posee el ritmo correcto, y si has introducido los precedentes de manera satisfactoria.
-
¿Que cuál es la mejor manera de encontrar el punto medio? El Lector Ideal, cómo no. Procura imaginar si se aburrirá con tal o cual escena. Si conoces los gustos de tu L.I., aunque sólo sea la mitad de bien que yo los del mío, no debería costarte mucho.
-
¿Que se te ha olvidado atar un cabo importante de la trama? ¿O todo un personaje, como le pasó a Raymond Chandler? (Cuando le preguntaron por el chofer asesino de El sueño eterno, Chandler, que se tomaba sus cepitas, contestó: «¡Ah, ése! Es que se me olvidó.»).


5
Jan 10

El señor (La Vela Puerca)

La última joda la paga el “Señor”
que le divierten las penas ajenas de hoy,
la última moda la impone el “Señor”,
marcándome la tendencia-demencia de hoy.
Él tiene todo lo que hoy precisás
(y los infantes se parten el alma por más)
él te cautiva mostrando a su dios
(que no es el tuyo, pero juega para los dos)

La última vida la pide el “Señor”,
y te perdona lo malo de tu corazón,
La última miga la roba el “Señor”,
alimentando su rabia y su falta de amor.
Esa clientela de ciega se da
(y va tragando la mierda de toda ciudad)
Ese aparato te invita a morir
(y te reduce a lo simple de nunca sufrir)

Y es así:
o te rebelás o te consumís
(cerrando los ojos, no sirve aplaudir)
La hora del miedo parece llegar,
y aquí no vale pensar.

Y cuándo quieras soñar
sólo habrán pesadillas,
o cuándo quieras volar
quedarás de rodillas.

Ese camino te exige mentir
o te reduce a lo triste de sobrevivir,
Esa montaña se va a derrumbar
encima de todo aquél que te quiera dañar.