September, 2009


25
Sep 09

Citas de Mientras escribo de Stephen King I

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Conocido es este muchacho estadounidense por sus numerosas historias de terror, tanto por sus novelas y cuentos como por las posteriores adaptaciones cinematográficas de las mismas. Pero hoy les traigo algo más que eso (?), son citas que fui anotando (léase copiar y pegar) de su libro Mientras escribo, en el que habla un poco de su vida, de su forma de escribir, y da consejos para aquellos aprendices de escritores que soñamos con superarlo, porque yo ya lo he igualado:

El acto de escribir puede abordarse con nerviosismo, entusiasmo, esperanza y hasta desesperación (cuando intuyes que no podrás poner por escrito todo lo que tienes en la cabeza y el corazón). Se puede encarar la página en blanco apretando los puños y entornando los ojos, con ganas de repartir ostias y poner nombres y apellidos, o porque quieres que se case contigo una chica, o por ganas de cambiar el mundo. Todo es lícito mientras no se tome a la ligera. Repito: no hay que abordar la página en blanco a la ligera.
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Poner al vocabulario de tiros largos, buscando palabras complicadas por vergüenza de usar las normales, es de lo peor que se le puede hacer al estilo. Es como ponerle un vestido de noche a un animal doméstico. El animal pasa vergüenza, pero el culpable de la presunta monería debería pasar todavía más. Propongo desde ya una promesa solemne: no usar «retribución» en lugar de «sueldo», ni «John se tomó el tiempo de ejecutar un acto de excreción» queriendo decir que «John se tomó el tiempo de cagar». Si consideras que tus lectores podrían considerar ofensivo o impropio el verbo «cagar», di «John se tomó el tiempo de hacer sus necesidades» (o «John se tomó el tiempo de ir de vientre»). No es que quiera fomentar las palabrotas, pero sí el lenguaje directo y cotidiano. Recuerda que la primera regla del vocabulario es usar la primera palabra que se te haya ocurrido siempre y cuando sea adecuada y dé vida a la frase. Si tienes dudas y te pones a pensar, alguna otra palabra saldrá (eso seguro porque siempre hay otra), pero lo más probable es que sea peor que la primera, o menos ajustada a lo que querías decir.
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Escribe el tímido: «La reunión ha sido programada para las siete.» Es como si le dijera una vocecita: «Dilo así y la gente se creerá que sabes algo.» ¡Abajo con la vocecita traidora! ¡Levanta los hombros, yergue la cabeza y toma las riendas de la reunión! «La reunión es a las siete.» Y punto. ¡Ya está! ¿A que sienta mejor?
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Tampoco propongo suprimir del todo la voz pasiva. Supongamos, por ejemplo, que se muere alguien en la cocina, pero que acaba en otra habitación. Una manera digna de explicarlo es «El cadáver fue trasladado de la cocina y depositado en el sofá del salón.», aunque confieso que el «fue trasladado» y el «fue depositado» siguen poniéndome los pelos de punta. Los acepto, pero no los aplaudo. Preferiría «Freddie y Myra sacaron el cadáver de la cocina y lo depositaron en el sofá del salón».
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Dos páginas seguidas de voz pasiva (las que hay en casi cualquier texto comercial, y en kilos y kilos de narrativa barata) me dan ganas de gritar. Queda fofo, demasiado indirecto, y a menudo enrevesado. «El primer beso siempre será recordado por mi memoria como el inicio de mi idilio con Shayna.» ¿Qué tal? Un bodrio, ¿no? Hay maneras más sencillas de expresar la misma idea, y con más ternura y más fuerza. Por ejemplo así: «Mi idilio con Shayna empezó con el primer beso. No lo olvidaré.» No es que me encante, por el doble «con», pero al menos nos hemos desmarcado de la voz pasiva maldita.
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Es probable que sepas de qué hablas, y que no haya ningún peligro en fortalecer tu prosa con verbos activos. También es probable que tu relato esté bastante bien narrado para confiar en que, si usas «dijo», el lector sepa cómo lo dijo: rápidamente, lentamente, alegremente, tristemente… Puede ser que esté el pobre en arenas movedizas; si es así, no dejes de echarle un cabo… pero no hace falta dejarlo grogui con treinta metros de cable de acero. [...] Escribir adverbios es humano, pero escribir «dijo» es divino.
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¿Verdad que no hace falta leer el libro para saber si has escogido uno fácil o difícil? Los fáciles contienen gran cantidad de párrafos cortos (incluidos los de diálogo, que pueden tener sólo una o dos palabras) y mucho espacio en blanco. Son como algunos helados que llevan mucho aire. Los libros difíciles, con densidad de ideas, narración o descripción, presentan un aspecto más macizo, más apretado. El aspecto de los párrafos es casi igual de importante que lo que dicen. Son mapas de intenciones.
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Dentro de la narrativa, el párrafo está menos estructurado; en vez de melodía es ritmo. Cuanta más narrativa se lee, más se da uno cuenta de que los párrafos se forman solos. Como tiene que ser. Al escribir conviene no pensar demasiado en dónde empieza y termina el párrafo. El truco es dejar que sigan su curso. Después, sí no te gusta el resultado, lo arreglas y listo. Es lo que se llama revisar.
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Si quieres ser escritor, lo primero es hacer dos cosas: leer mucho y escribir mucho.
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Leyendo prosa mala es como se aprende de manera más clara a evitar ciertas cosas. [...] Por otro lado, la buena literatura enseña al aprendiz cuestiones de estilo, agilidad narrativa, estructura argumental, elaboración de personajes verosímiles y sinceridad creativa.
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Leer es el centro creativo de la vida de escritor.
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La gente bien considera de mala educación leer en la mesa, pero si aspiras a tener éxito como escritor deberías poner los modales en el penúltimo escalón de prioridades. El último debería ocuparlo la gente bien y sus expectativas.

Sigué por allá »


24
Sep 09

Wallpapers rechalados

Allá voy »


20
Sep 09

¡Quiero dulce de leche!

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No hay nada más feo que abrir la heladera, ver el pote de dulce de leche, y secarse la boca por la baba expendida. Para luego proceder a agarrar el pote (y la desilución comienza en este punto al notar el peso del mismo), y abrirlo, haciendo que la desilución que empezaba a crecer segundos antes, se transforme en una bella y cruel realidad.

Solución: comprar más dulce de leche.
¿Qué? ¿Son las 4 de la matina y no podés comprar en ningún lado?
Solución: suicidio.


19
Sep 09

Podcast de(s) Peinate que viene gente I

Hace ya largo rato que José Playo, en su blog, viene publicando una serie de entrevistas en audio con diversos escritores, conocidos o no. Todavía no escuché todas, y de los que escuché tomé nota de algunas cosas que me gustaron. Vale aclarar que lo siguiente es material sin editar, lo publico exactamente como lo anoté a las apuradas mientras escuchaba. Tal vez dentro de un tiempo las publicaré en ReChalado!, pero de forma más organizada.

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Esteban (historiador). Parte 1. Empezó a escribir a los 17/18 años cosas personales, humorísticas. Después empezó a escribir relatos, con las pretensiones que tiene cualquiera a esa edad. Todo lo que escribía desbordaba entusiasmo, pero tenía ripios, frases largas. Hay que encorzetar (!) ese entusiasmo y tener una mirada más crítica. Nunca escribió con la intención de guardar cosas, siempre con la intención de compartir los textos. Para compartir lo que escribís tenés que pensar que eso puede gustar, así que se tiene que tener cierta autoestima. Parte 2. Antes de publicar los textos, darlos a los amigos para que den una mirada crítica, así sean lectores o no (opiniones variadas). “No le podés gustar a todos”. Asimilar las críticas y revisar los textos varios días después. Escribe la novela en 10 páginas, las desglosa en capítulos, piensa los personajes. Los diálogos van surgiendo. Los argumentos nacen de lecturas. Él no podría escribir a partir del argumento, necesita un poco de seguridad. “Al escribir necesito un tiempo exclusivo”. La escritura tiene que ser un acto privado, solitario, tranquilo. Lo que te impulsa a escribir y a compartir las cosas que hacés es un egocentrismo bueno. Egocentrismo malo es creerte que con esas cosas vas a cambiar el mundo o pensar que lo que escriben los demás es una porquería. Parte 3. Se puede aprender a escribir de muchas formas. Leer es el primer taller literario. Leyendo podés aprender muchas cosas de forma inconsciente. Siempre que uno labura honestamente, debería liberarse de la presión de poder copiar algo por ignorancia. A veces uno usa frases que cree que son propias y son ecos de algo que leyó hace 10 años. La honestidad se termina notando. Hasta las literaturas de vanguardia tienen referencias, es inevitable. Trato de no hablar de literatura con mis amigos, una especie de paranoia. Replantearse lo que uno hace, a veces es peligroso. Si yo pudiera dedicarme 100% a la escritura sería el tipo más feliz del mundo. No podría vivir sin escribir. Los lectores te completan el texto.

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Cristina. Empezó a escribir en el primario. Una persona puede leer mucho y escribir mal, pero no se puede escribir bien y no leer. Una persona joven no puede hacer una buena novela y sostenerla, es algo que necesita mucha experiencia de vida. Cada capítulo tiene que ser una historia. De vez en cuando en un libro tenés una inspiración, algo que se te ocurre de pronto y cierra todo. El texto hay que lavarlo, dejarlo chiquito y adornarlo. Uno tiene que escuchar todas las críticas, por más que sean malas. Pero también es importante el instinto, hay cosas que por más que te insistan en que están mal, si a vos te parecen correctas dejalas. Hay que tener confianza en uno pero no ser soberbio. Con soberbia nunca podés aprender. A veces te ayudan más los lectores normales, que los académicos. Hay algunas cosas que no se pueden aprender, una de ellas es la imaginación. No entiendo a los profesores que están en contra de Harry Potter, El Señor de los Anillos, etc. Escribir es para uno, al menos en primera instancia. Si después podés compartirlo y los demás lo disfrutan es la alegría más grande. La mayor parte de las cosas que me hicieron leer en el colegio no me gustaron. Terminé de leer un libro y pensé ‘yo tengo que escribir’ (10/12 años). Aunque no sea para publicar, escribir es sanador, como ir al psicólogo. Es necesario escribir.

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Iván. Aprendí a escribir tratando de conquistar mujeres, escribiéndoles cartas, transcribiendo fragmentos de canciones. Me gusta el cine y la música, pero no leo mucho. El tiempo que tengo para leer, lo uso para escribir. Me involucro con la historia, me meto adentro. Pase 30 años sin saber que yo podía escribir. Lo que sale, sale; cuando empiezo a corregir mucho siento que el texto se contamina. Para ser escritor no hay que tener un libro publicado, es tener una historia para escribir, escribirla y hacerse cargo. Un escritor es un tipo que tiene algo para decir. Hay que sacrificar cosas en nombre de la escritura. Escribir es un abismo que uno elige. Escribir es un acto de egoísmo extremo, el que no es escritor no lo entiende. Uno puede prescindir del resto de las personas con la escritura. Podría estar solo en el mundo, con una hoja en blanco. No se precisa nada más. Lo mejor que puede tener un escritor es la libertad, desprejuiciarse y no pensar en lo que puedan pensar los demás acerca de sus textos. Escribo lo feo, me lo saco de encima. Es mi familia a nadie le gusta lo que escribo. Las opiniones de lectores desconocidos son mejores que las de los conocidos. La verdadera obra maestra empieza cuando se deja de pensar en la obra maestra. Cuando escribís una novela se vuelve tu vida, y cuando la terminás sentís un vacío existencial. Esa cosa que ya no es tuya, la terminé, es del lector. Los talleres literarios son como una demostración del ego del escritor que los da.

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Emanuel. Es un error entrar a Letras queriendo ser escritor. La escritura es un aprendizaje, para conocerme a mí, a otras personas. Siempre está el desafío de crear algo nuevo. Publicar es una antología me parece menos ególatra. No puedo vivir sin escribir. No creo que pueda crear un sistema nuevo de escritura, pero sí una estética original. Quiero hacer un aporte, algo nuevo, una estética propia. No me gusta la idea de que haya opciones a seguir, por eso no me gustan los talleres literarios. Para aprender a escribir lo principal es leer. Es curioso analizar una novela y tratar de ver qué es ficción y qué es realidad. Apoyo al autodidactismo. Estudiar Letras te ayuda a leer, no a escribir.

Continuará…